El Gap que no cierra.

Os presentamos un nuevo artículo de nuestra compañera Cristina Bartés ( Directora de operaciones de AD y ponente de Coaching financiero) sobre Educación financiera y emocional. Estos temas, os recordamos, forman parte de la formación de Aston Dealers © en trading y mercados financieros.

Tradicionalmente, la educación formal se ha centrado en el desarrollo de las capacidades cognitivas, que son aquéllas habilidades que nos permiten recibir, procesar y elaborar la información. Muestra de ello lo encontramos en el papel preponderante del aprendizaje memorístico, de las clases magistrales con escasa interacción participativa y del sistema de calificaciones rígido; que no se adapta a los posibles y diferentes estilos que tiene un alumno de aprendizaje, precisamente por los particulares factores cognitivos, afectivos y psicológicos que cada alumno presenta.

Como señalan Bisquerra y Punset (2015) ya desde nuestro nacimiento, somos seres 100% emocionales, por lo que debemos considerar que las emociones producirán una influencia importante en el proceso educativo en todos los niveles. Sin embargo, y a pesar de la gran importancia que tienen las emociones en el estudio del comportamiento humano, la evolución del estudio de este aspecto en nuestro país, en el ámbito de la educación, no se ha dado hasta la década de los noventa acuñándose el concepto de “Inteligencia Emocional” de la mano de autores como Goleman, Mayer o Salovey.

Pero, ¿qué es la Inteligencia Emocional? Según Mayer y Salovey (1997), “la inteligencia emocional incluye la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar emoción; la habilidad de acceder y/o generar sentimientos cuando facilitan pensamientos; la habilidad de comprender la emoción y el conocimiento emocional; y la habilidad para regular las emociones para promover crecimiento emocional e intelectual”. La inteligencia emocional se refiere pues a un “pensador con un corazón” (“a thinker with a heart”) que percibe, comprende y maneja relaciones sociales.

Nuestra sociedad demuestra cada vez mayor preocupación e interés por estos temas, considerando a la Inteligencia Emocional como una de las principales armas para conseguir el éxito en los diferentes ámbitos de la vida. Basta con comprobar en redes sociales el auge de cuentas, publicaciones y hashtags vinculados con el crecimiento personal y la gestión emocional de los contratiempos. No obstante, la educación de las emociones como tal sigue sin tener el protagonismo que se merece en nuestro sistema educativo. En la legislación actual la Educación Emocional no dispone de carga horaria de forma específica.

El problema aquí expuesto en relación a la Educación emocional se traslada de forma equitativa a la Educación financiera, resultando que según el informe PISA 2018 (la prueba de la OCDE que mide las competencias de los alumnos de 15 años en ciencias, matemáticas y comprensión lectora) nuestro país se sitúa por debajo de la media de los 13 países de la OCDE en conocimientos financieros: sólo un el 16,8% de los jóvenes españoles de 15 años puede interpretar o entender una factura, reconocer la diferencia entre lo que se quiere y se necesita o tomar decisiones sobre gasto cotidiano.

Y con educación financiera, ¿a qué nos referimos? Con el término cultura financiera o educación financiera nos referimos a “la curiosidad por el entendimiento y conocimiento de las llamadas finanzas personales, incluyendo los conceptos de ingresos y gastos, y fundamentalmente, el del ahorro”. Desde la Ley Orgánica del Sistema Educativo (LOGSE 1990) a la actual Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE 2013), la educación financiera ha ido progresivamente adquiriendo importancia en la legislación educativa. Así por ejemplo, esta última ley introdujo la Educación financiera en los programas de educación primaria y secundaria obligatoria, a través de asignaturas optativas en su mayoría. Además, en España se vienen desarrollando diferentes iniciativas, entre las que cabe destacar el Plan Nacional de Educación Financiera, suscrito por diferentes agentes sociales, así como la iniciativa de la Asociación Española de Banca, que en su plataforma web identifica todas las iniciativas del sector de la banca que ayudan a la educación financiera. Destaca en este sentido el caso de Reino Unido, en donde la Educación financiera es obligatoria en los planes de estudios, y no sólo eso: el Gobierno británico lanza guías y programas impartidos por expertos en el ámbito financiero, vídeos de sensibilización de casos reales y campañas de marketing orientadas a la mejora de la cultura financiera en adultos y jóvenes.

Mejorar el mañana de todos nosotros, pasa inevitablemente por contribuir de forma significativa a la construcción de una sociedad mejor preparada, que disponga de todas las herramientas y recursos necesarios para decidir con fundamento, coherencia y sentido de la responsabilidad. Y ese Gap, si se me permite hablar en términos de estrategia de inversión; es decir, esa distancia o diferencia excesiva que existe entre lo que debería ser y no es, trae consigo lo que nunca querríamos para nuestros hijos: sobreendeudamiento, ineficiencia en el manejo de las finanzas personales, ausencia de ahorro e inversiones equivocadas.

 

Artículo de Cristina Bartés Vicente ponente de Coaching Financiero en Aston Dealers ©.

 

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